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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 08:39

Hacer Matemáticas a las cuatro de la tarde un Lunes de Febrero era realmente soporífero, el olor a sudor se mezclaba en el aire con los trozos de tiza de aquel profesor que castigaba fuertemente a a una pizarra llena de cicatrices, borrones y cientos de números decapitados.

Realmente las matemáticas de BUP nunca me interesaron y mi mente abandonaba la clase de puntillas sin apenas hacer ruido...

A la misma hora pero en otro punto de la ciudad una chica esperaba ansiosa la llegada de un tren que le cambiaría la vida aunque ella todavía no era consciente de ello. Sentada en uno de los pocos bancos que los viajeros dejaron libre y justo debajo del gran reloj blanco escuchó el aviso de la llegada amenazante de un futuro que venia disfrazado de Vagón.

Justamente enfrente de la chica del tren un hombre de mediana edad con un cigarro en la boca barría de forma descompasada los papeles que el aire había llevado y acumulado en una esquina del viejo edificio. Su único pensamiento era que sólo le quedaba una hora para acabar de remar entre vasos de plástico, colillas y tickets de tren que el paso de los viajeros había vomitado. Pensaba en llegar a casa y dejarse llevar entre paquetes de Ducados y botellas de alcohol, hacia sólo tres meses que su mujer le había dejado una nota en la cama donde hace años tanto la amó para decirle que a pesar de los treinta años y los tres hijos en común ya no le aguantaba más y que no la buscara, porque no la encontraría.

Esa mujer huyó acompañada de una sola maleta y cientos de recuerdos tatuados en su piel , sólo fue feliz el día en que nacieron sus hijos pese que sólo uno de ellos fue buscado. Los otros dos fueron fruto del tormento y la humillación de un monstruo que aún lo recuerda cabalgando encima de ella con la boca entre abierta y vomitando un olor a tabaco y alcohol .

El taxista a través del retrovisor vió a una mujer que camuflaba su belleza a través de sus ojeras y su pelo descuidado y desaliñado con lo que evitó darle conversación ya que la mirada perdida haría no obtener respuesta. Se parecía tanto a su Raquel... Su mujer falleció hace ya diez años y él a las puertas de la jubilación ya se había acostumbrado a ese vacío y se sentía culpable por haber aprendido a vivir con su ausencia. En un calendario tachaba los días que le quedaban para jubilarse, coger su pequeña barca y su caña de pescar y dejar pasar la vida... un grito le hizo despertar del letargo y su pie apretó fuertemente el pedal del freno, tenia el semáforo en rojo...

El estaba feliz con su nuevo reproductor de Cd´s que su madre le había regalado para su cumpleaños y la banda sonora de su trayecto al colegio se dibujó en el ultimo Cd de Michael Jackson Bad. Con sus grandes cascos de espumillas naranjas esperaba el semáforo que se encontraba justamente enfrente de la entrada del Colegio. Estaba enfadado porque a pesar de tener médico a las tres de la tarde su padre le obligó a ir a la ultima hora de clase para aguantar ese monólogo soporífero llamado Matemáticas. Una vez que vió el semáforo en verde no dudó en cruzar ese maldito paso de cebra que en menos de dos segundos se tiñó de rojo.

La tremenda frenada me sobresaltó bruscamente y me hizo saltar del pupitre y mi alma volvió a formar parte de mi cuerpo, yo y mis compañeros ignorando descaradamente al profesor de Mates nos asomamos a través de los grandes ventanales que daban a la calle. La noticia rápidamente recorrió como la pólvora los pasillos del colegio, habían atropellado a Roberto, el silencio lo invadió todo, silencio que en apenas unos segundos fue roto por el sonido de las sirenas que acudían al socorro de mi amigo que yacía muerto sobre el asfalto.

En la vida siempre hay gente que sufre más dolor que tú, y solo tienes dos opciones, pudrirte por dentro o bailar al son de la vida que te ha tocado vivir.

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