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4 diciembre 2013 3 04 /12 /diciembre /2013 16:02

 

Marina es una mujer que tiene 38 años, lleva casada con su marido infelizmente 10 años , cuando se levanta por las mañanas y sube las persianas de su amarga vida se ve engullida por grandes antenas de televisión, tejados negruzcos con tonos verdosos y el temblor de las vías de tren que parte el barrio en dos y le hace recordar que tiene que poner una lavadora.

Por las mañanas desayuna unas tostadas de soledad y se toma su tristeza descafeinada en la taza que compraron en el ultimo viaje que hicieron, en su luna de miel.

Pasa diez minutos jugueteando con las migas de su miedo que caen sobre el frio mármol de la cocina, con la mirada perdida y con sus fieles compañeras, sus grandes ojeras que delatan las pocas horas de sueño o las miles de preocupaciones que tiene en su cabeza.

Su marido trabaja en el Puerto cargando y descargando camiones con un Toro Mecánico, y últimamente está más nervioso de lo normal, ya que le han reducido la jornada, y solo trabaja por las mañanas así que por las tardes se dedica a estar tumbado en el sofá cambiando de canal y bebiendo cerveza sin parar.

De novios habían hecho muchos planes de futuro, de tener muchos hijos y formar una familia, ella era bailarina y una rotura de rodilla en un accidente de trabajo le truncó su sueño. El estaba haciendo Prácticas en un conocido bufete de Abogados de la ciudad.

 

El tiempo pasaba y los hijos no llegaban , Marina, inmersa en una profunda depresión, sólo pensaba en bailar, y luchar para llegar a hacerlo pero la rodilla le impidió volver a ser lo que en su día fue pero fue imposible, como lo de tener hijos, ellos no podían tener hijos y la relación se quebró.

 

Ella se dedicaba a ser ama de casa por las mañanas y pasear por las tardes con su flamante Canon, le apasionaba la fotografía y los paisajes urbanos y así evitar ver a su marido dejar pasar la vida frente al televisor

Marina se resignó a no ser madre, pero Mario, su marido,no pudo, y en vez de poner solución a su problema se encerró más en si mismo , no era partidario en adoptar, se preocupaba más en lo que pensarían sus amigos a la felicidad de su matrimonio,

Al cabo de unos años volví a ver a Marina, se llenó de valor para dejar a Mario, adoptó a un bebé y estaba presentado una exposición en la Gran Vía de Madrid como trabajo de fotógrafa en los meses que estuvo en Nigeria.

De Mario no sé nada, creo que sigue cerrando bares y abriendo brechas, brechas que son muy difíciles de cerrar , porque se encuentra dentro del alma de cada una de las mujeres que ha conocido, que conoce y conocerá.

Querida Cenicienta de Ciudad, si no luchas,si te dejas llevar y te conformas sólo con lo conocido las calabazas nunca se convertirán en carroza y tu pie nunca encontrará zapato de cristal.

 

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